
Capilla mayor y ábside
Capilla mayor y ábside
Capilla mayor y ábside
Transcripción de audio
Este espacio, que se yergue ante nuestros ojos como un cofre con tesoros de valor inestimable, alberga las reliquias de los santos Fermo y Rústico. La planta semicircular es de 1573 e imita la valla o vía sacra (tornacoro en italiano) que diseñó Michele Sanmicheli en la Catedral de Verona. Se caracteriza por sus columnas de mármoles policromados.
En el arco principal, que engarza la zona absidal, hay frescos del siglo XIV. En la cúspide, Dios Padre bendice con la mano. Apenas por debajo, a la izquierda, vemos el retrato del prior Daniele Gusmerio, arrodillado y con el sayal franciscano. A la derecha del arco, encontramos al podestá Guglielmo da Castelbarco, consejero de Cangrande della Scala. Lleva ropajes elegantes y en las manos sostiene una maqueta de una iglesia, para recalcar que fue él quien financió el proyecto de renovación de la iglesia de San Fermo. A la derecha, campea el escudo de la familia Castelbarco. La fecha de 1314, que está pintada en el arco, da fe de que los retratos de los dos personajes se realizaron en vida de ambos. Debajo, a la izquierda, encontramos La coronación de la Virgen y, a la derecha, la Adoración de los Reyes Magos de Paolo Veneziano. Los paños del ábside están decorados mediante un ciclo de frescos atribuibles al Maestro del Redentor. El fondo es azul, con arreglo a la tradición franciscana. El susodicho artista del siglo XIV llegó aquí a la cúspide de su creatividad, trayendo a Verona la influencia de la pintura de Giotto. Así, en el interior del ábside propone la imagen de Cristo Redentor, en el centro, con una túnica marrón y un manto de color rosa intenso, con su característica aureola, el cabello corto y la barba rubia. Cristo está sentado como un juez en un trono bajo. Mira fijamente hacia adelante y bendice con la mano derecha, mientras que, en la otra mano, cerrada, tiene un libro. A su izquierda, está la Virgen María vestida de blanco y, a su derecha, san Juan Bautista. Sobre ellos, en el crucero de la bóveda, como para confirmar la sacralidad del relato, destacan los cuatro símbolos de los evangelistas: el ángel de san Mateo, el buey de san Lucas, el águila de san Juan y el León de san Marcos.


